Conde de Torrijos (Halloween)

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Algunas personas quizás reconozcáis a algún personaje de este relato, sobre todo si os gusta la historia, pues está basado en escalofriantes hechos reales.
 

Esta narración ha llegado hasta nuestros días gracias al olvido de varias personas de algunos manuscritos escondidos y que por diferentes cábalas del destino han llegado hasta las manos de Toulouse.
Nos remontamos a la península ibérica allá por el siglo XII, en plena reconquista de los cristianos a los musulmanes. En la época donde los grandes caballeros luchaban heroicamente por conquistar territorios en nombre del Reino de Castilla.
 
Como en toda guerra de la época, en nombre de la justicia y la fe se han escondido hechos aterradores y no menos iba a ser la historia del Conde de Torrijos.
 
Para ganar las batallas tenía un ritual muy especial que debía hacer antes de cada batalla. En la zona baja de su castillo, junto a las caballerizas, tenia su zona sagrada, una instancia donde lo practicaba. Éste consistía en realizar actos impuros con varias esclavas vírgenes que tenía encadenadas, justo antes de irse a los combates. Primero tenía que pasar por ellas y amamantarse de su sangre menstrual. Tras escoger a una que estuviera en pleno sangrado, la colocaba atada boca arriba en una especie de mesa en forma de X. Le pedía a alguno de sus lacayos que le cortaran el pelo impuro de la zona púbica y tras eso el conde procedía a practicarle sexo oral a la esclava y a succionarle todos los jugos que pudieran salir de su vagina virginal. 
 
Primero se la humedecía con la lengua y posteriormente se la comía mientras le tocaba el clítoris.
Si cuando volvía de las batallas no lo hacia victorioso, para él significaba que esa mujer no había sido pura y por eso había perdido. Su represaría contra la impura era sodomizarla y someterla a todo su batallón, para posteriormente abandonarla a su suerte.
 
Este rito lo realizaba en el patio de armas de su castillo ante la vista de sus hombres. Primero la hacia subir desnuda a una especie de tarima para que todos pudieran verla bien. Desde ahí la humillaba y la castigaba azotándola, a la vez que la maldecía por no haberle dado suerte en la batalla. Y terminaba su discurso enterrando la empuñadura de su espada en el culo de la mujer, costara lo que costara y se resistiera lo que se resistiera.
 
Después de esto, dejaba abandonada a la mujer entre todos los presentes que estuvieran allí y eran libres de usar la mujer como ellos quisieran. Así que no era extraño que fuera violada repetidas veces por todos los hombres y que la usaran poco más que como un objeto para desfogarse de la acción de la batalla.
 
Cuando llegaba el amanecer, la mujer era sacrificada y empalada a las afueras del castillo, y allí, abandonada para que sirviera de comida a las distintas fieras de la zona.
 
Por los diferentes escritos que han llegado hasta nuestros días parece ser que el Conde de Torrijos tras sufrir varias derrotas, se aficionó a sus rituales y los realizaba de una forma más pagana y menos atroz con gran cantidad de mujeres mudéjares, a las que las “purificaba” desde el Islam a través de estas practicas.
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