El espectáculo (Halloween)

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Hoy es un día de esos enrarecidos. Es invierno y luce el sol sin atisbos de nubes, sin embargo brillando en lo más alto, es de esas veces que no calienta. Si sales a la calle, notas en la cara una brisa heladora que cierra todos los poros y de forma instintiva te hace esconder el cuello entre los hombros y echarte aliento entre las manos.

Por suerte para mi, hoy no me toca trabajar, así que solo tengo que disfrutar de este día de invierno. Como todas las mañanas, voy a por el periódico. Se que a día de hoy es una cosa completamente desfasada pero no puedo evitar sentir un especial gusto en salir a la calle, andar por la cera y entre otras personas. Me gusta fijarme en las personas que me cruzo. Me pregunto cómo será su vida, ¿serán felices? ¿tristes? ¿de donde vendrán? ¿a dónde irán?

Cruzando por el parque, entre el albero del suelo y las hojas otoñales caídas de los árboles, veo venir desde lejos una oleada de brisa. Para ser exactos, veo como se alborotan y revolotean las hojas desde lejos y vienen hacia a mi. Instantes después una sensación gélida golpea mi cara y siento en el cuerpo una fuerza en contra de mi. En esas, choca contra mi tobillo izquierdo un panfleto. Me agacho a recogerlo y es una cuartilla ilustrada con un dibujo en blanco y negro con un aire circense a la vez que vodevil. Justamente es para un espectáculo que se hace esa misma tarde-noche.

Horas más tarde, me encuentro en las puertas del local donde es el espectáculo. Auténticamente está todo ambientado como en los teatros de revista o las antiguas salas de variedades. Tomo asiento en unas de las sillas con mesita y luz discreta. Comienza el espectáculo, todo se llena de plumas, fantasías, lentejuelas y ropa escasa. De repente aparece una especie de diablo con forma humana. Todo de color rojo, con unos pequeños cuernos, ojos anaranjados, torso desnudo y musculado, etc…. En ese momento se apagan todas las luces y solo se queda un foco encendido que está sobre mí. Sorprendentemente el curioso diablo conoce mi nombre y me dice que este espectáculo está solo hecho para mi.

Dos chicas de cuerpos esculturales vestidos con la mínima expresión de ropa, se acercan a mi por la espalda, y me sujetan a la silla con una especie de muñequeras y tobilleras. Sin saber cómo me encuentro desnudo, y el diablo dice que soy el elegido.

Una de las chicas se coloca ante mi, se menea de forma muy sensual y se quita la poca ropa que llevaba. Se coloca de espaldas a mi y poco a poco se va agachando poniendo su culo en pompa frente a mi cara. Luego se va acercando a mi y lo deja a escasos centímetros. Yo no dejo de mirarlo y de fijarme en todos los detalles, unos glúteos pequeños y blanditos que según se agacha se separan dejando ver un ano cerradito pero sin tensión. Más abajo unos labios vaginales carnosos que cierran perfectamente. Así me comienza a manosear la polla. Con la otra mano, ella misma se da un cachete en una nalga y juguetea con su ano, lo roza una y otra vez, y se llega a introducir suavemente un dedo. Yo no puedo controlar la excitación y me encuentro muy inquieto en la silla. Ella empieza a subir la intensidad y me sujeta mi polla con las dos manos. Llega mi corrida que sale disparada hacia el techo y se pierde en la oscuridad de la sala. Esta chica se va y viene otra también con un físico tremendo, en esta ocasión tiene más carne donde coger, buenas caderas y unos pechos generosos sin llegar a ser grandes, en armonía con el cuerpo.

En esta ocasión, ella se dispone también completamente desnuda delante mio, pero de frente, se agacha y se coloca de cuclillas con las rodillas abiertas. Con sus dedos se abre delicadamente los labios de la vagina y se acaricia las ingles. Se va turnando con caricias en sus pechos y juegos con sus pezones, no tarda en penetrarse ella misma. Todo ello a menos de un metro de mí y yo sin poder moverme del asiento. Puedo ver como empieza a gotear flujo de su vagina. Ella no quita la mirada de mí mientras se penetra más duro.

En un descanso que hace se saca sus dedos empapados en sus flujos y goteando acerca su mano a mi polla, la coloca justo encima y deja que escurran los flujos que tiene en su mano. Cuando sus fluidos tocan mi polla, noto un gran escozor y quemazor. Ella se ríe y se pierde entre las sombras.

Mientras me retuerzo en la silla aparece el diablo con un par de gemelas y me pregunta si voy bien. A lo que yo respondo que no. Que no me está gustando nada esto. En ese momento, se ilumina más la sala y es completamente distinta. Y el diablo me dice: “Aun no has comprendido nada”. Y se va. Entonces las dos gemelas comienzan a besarse intensamente y tener sexo lésbico. Mientras intento soltarme de la silla, noto como los brazos de otra mujer me sujetan por los hombros. Ahora es una diablesa muy sexy y con voz dulce y agradable la que me dice que yo he escogido estar ahí y que suceda todo eso.

Mis malos pensamientos y perversiones me han llevado hasta ahí, a ser un mero espectador de todos esos pensamientos y acciones. Nunca llegaré a poder disfrutarlos o sentirlos, y cuanto más excite lo que veo más dolor sentiré.

Noto como desaparece de mi alrededor, y según la busco con la mirada, descubro todo una instancia llena de diferentes mujeres mantenido sexo entre ellas o masturbandose, mientras esperan su turno para atormentarme y negarme disfrutar del placer.

Ahora creo empezar a comprender todo, realmente debo de estar en una especie de infierno y esta mañana cuando me he despertado realmente no estaba despierto, sino muerto, en realidad mi “día” ha sido mi llegada aquí. Por eso tenía un día libre entre semana, el sol era extraño y no daba calor, no sé cómo llegó ese panfleto hasta mi… Me he despedido de la vida.

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